domingo, 22 de abril de 2007

Las líneas de Nazca

Autor: dani.w3@hotmail.com

En 1939 llegó al Perú el investigador Paul Kosoc, procedente de la Universidad estadounidense de Long Island, con la intención de estudiar los antiguos sistemas de regadío. Una tarde en que sobrevolaba la meseta, descubrió los gigantescos dibujos tatuados en la superficie, dibujos claramente intencionales. Seducido por esas figuras, decidió dedicarse por completo a investigar Nazca.

Un día de 1941, Paul Kosoc descendió por una inclinación del terreno, y desembocó en un laberinto de líneas, donde distinguió dos enormes trapecios, en cuyo centro se encontraban las ruinas de un raro diseño formado por tierra y piedras, que alcanzaba los 45 metros de largo. En ese momento se puso el sol, y mientras desaparecía en el horizonte, Kosoc vio cómo se sumergía tras él coincidiendo con el extremo de la larga línea. Era un 22 de junio, el día más corto del año en el hemisferio sur, fecha en que el sol se pone en un punto casi noroeste. En ese momento Kosoc dedujo que las líneas formaban un mapa cosmográfico con la función de registrar el movimiento de los astros...

Kosoc comenzó a investigar en Ocucaje, una parte del desierto de Nazca, ubicada entre los Andes y el Océano Pacífico.
Luego de diversas observaciones, Kosoc supuso que el pueblo que elaboró estas líneas lo hizo con la intención de contar con un calendario astronómico que permitiría anticipar el solsticio de verano y el de invierno, los equinoccios de primavera y otoño, los eclipses y la creciente de los ríos. Todo esto, según Kosoc, para conocer cuáles serían las épocas del año más propicias para la siembra y la cosecha. Sin embargo, faltaban explicar algunos detalles.
Kosoc debió seguir con sus tareas en su país, pero lo sucedió una astrónoma y matemática alemana, María Reiche, que residía en Perú, y que sostuvo las teorías de Paul Kosoc.

Una de las personas que cuestionó la teoría de Kosoc y Reiche fue el astrónomo norteamericano Gerald Hawkins, quien opinaba que no había coincidencias entre las líneas de Nazca y los astros.
El autor suizo Erich von Däniken también se opuso al pensamienro de Kosoc y Reiche, afirmando que hubo presencia de extraterrestres en Nazca. Para él las primeras líneas fueron trazadas por extraterrestres, y las posteriores, por los propios indígenas que desean volver a recibir la visita de los seres interplanetarios.


Pero para María Reiche no hay ningún misterio. Para ella las líneas fueron trazadas por los aborígenes del lugar. Opinaba que las rectas se pueden haber trazado clavando postes y tensando cuerdas entre ellos, y que estacas hincadas en la tierra, también con cuerdas amarradas girando a su alrededor, podrían haberse utilizado como compases.
Como prueba, señaló los rastros de los emplazamientos de esos postes. Pero su teoría fue refutada por muchos, que afirman que las kilométricas líneas, así elaboradas, resultarían forzosamente imprecisas, y que algunas de las figuras requerían necesariamente de precisión.
Según el autor de ciencia-ficción Arthur C. Clarke, los dibujos de Nazca no tienen nada de misterioso, y considera que las líneas sólo representan el deseo humano de dejar su marca en la tierra.

Pero para la matemática María Reiche, no es así. Ella cree que los nazcas poseían la facultad del pensamiento abstracto, conocían la aritmética y dominaban un método topográfico. A partir de fotos aéreas, dedujo que los nazcas elaboraron las figuras utilizando sus conocimientos en geometría. Dice, además, que poseían una unidad de medida basada en las del cuerpo humano, con las que elaboraron los dibujos, que estarían vinculados con la periodicidad de los movimientos de las estrellas y planetas.
El norteamericano Jim Woodman, junto a su amigo Bill Sphorer, elaboró otra teoría, que afirmaba que los Nazcas dominaban la navegación aérea. Se inspiró para ello en la decoración de las piezas de alfarería, donde creyó ver globos y hombres-pájaro estilizados. Incluso construyó un globo con los materiales del lugar y sobrevoló la meseta, añadiendo que en aquella época levantarían vuelo gracias a supuestos pozos circulares ennegrecidos que calentarían el aire del artefacto.

Esta teoría terminó de convencer a algunas personas, y a él mismo, cuando se hallaron restos de telas en tumbas nazcas, más livianas que las de los paracaídas, e impermeables, ideales para construir globos. Así, desde el aire, este pueblo podría supervisar lo que dibujaban, teniendo una visión de conjunto.

Recientemente, la científica polaca Yadwiga Paekiewicz aseguró haber descifrado los geoglifos. Para ella, estos pictogramas contienen un mensaje: serían una especie de “Biblia de piedra”, según la lectura que la científica hace del mensaje, que hace notar que el autor fue, bien un clarividente, o bien se trata de un testimonio completamente delirante.
A los arqueólogos especializados en el estudio de la cultura nazca, el esfuerzo que debe haber representado la realización de las líneas, se explica por el tipo de organización de esa sociedad: firmemente estratificada y gobernada por un fuerte poder centralizado. Es un tipo de organización social bien conocida en las distintas civilizaciones antiguas que dependían de la agricultura para su alimentación, como los egipcios, los mayas o los sumerios. Todas ellas eran, al igual que la Nazca, sociedades capaces de movilizar grandes masas humanas para construir templos, monumentos y palacios. Y, por qué no, también imponentes observatorios astronómicos.

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